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Mil Paraules 📷🖊️

hablaremos y haremos fotografía 📷

Descubriendo Tenerife (1)

En este primer texto compartiré con vosotros las sensaciones que tuve durante el primer día de mi viaje a Tenerife.

Día 1 de febrero de 2019. 

Suena el despertador a las 04:30h. de la madrugada y, gracias al hecho que fuimos a dormir pronto el jueves, levantarse tan temprano no se hace demasiado duro. Bueno, por eso y porque sabemos que tenemos por delante un viaje ilusionante y que nos pondrá a prueba a muchos niveles.
Dada la hora que es no podemos almorzar mucho, y pronto llega el abuelo Miquel con el coche. “Estoy afuera”, dice el mensaje de WhatsApp que llega a las cinco en punto. Tal como habíamos quedado, a aquella hora teníamos que emprender el camino hacia el aeropuerto para coger el vuelo de Norwegian de las 8 de la mañana. 
Llegados a la terminal 2 del Aeropuerto del Prat, pasamos el primer control de seguridad y ya tenemos la primera anécdota. La guarda de seguridad para un chico joven, de poco más de veinte años, y le dice que en la maleta  lleva unas manillas que, evidentemente, no puede pasar dentro del equipaje de mano. El chico le promete que no son para retener nadie, sino que son para jugar, pero ella insiste. Al rato el chico cede y tira las manillas de terciopelo de color lila a la basura. Esta noche seguramente no será tan divertida como pensaba. 
Esperando sentados ante la puerta de embarque, llega una pareja que también viajará en nuestro avión y que lleva un gato de raza egipcia, de los que no tienen pelo. Han tenido que pagar un billete para él solo! La próxima vez, les dice un encargado de Norwegian, lo tendrán que facturar. Pobre gato. 
Después de tres horas y media, llegamos a la Aeropuerto Norte de Tenerife. Rápidamente recogemos nuestra maleta y, después de hacer un poco de cola ante la ventana de la empresa a la cual alquilamos el coche, nos dan las claves y un mapa para llegar al parking. Una señora apunta en detalle en una hoja todos los defectos que ya tiene el coche que nos tenemos que llevar: no dispone de antena, golpes delante, a los lados, le falta un trocito de la matrícula, ... Todo a punto para marchar. 
El GPS que llevamos no anda muy fino (seguramente está mareado después del viaje) y nos envía bien lejos para encontrar un supermercado. Finalmente nos guiamos nosotros mismos y encontramos un enorme supermercado en el cual compramos la comida esencial para pasar lo que queda de viernes y el sábado siguiente: unas patatas fritas, dos panecillos, un paquete de queso y uno de jamón, las “papas” canarias, unos tomates (y el cuchillo para cortarlos) y agua. Y antes de marchar nos decidimos para coger unas palmeras de hojaldre, que el día siguiente seguro que nos irán bien para desayunar antes de emprender la subida desde el refugio hasta el cráter del Teide. 
Cuando todo está en su lugar, ponemos rumbo hacia el Teleférico del Teide para dirigirnos al refugio. La última salida del teleférico es a las 16:00h, no nos podemos entretener mucho. Pero esto el GPS no lo sabe y, como que está mareado, nos envía justo por la otra banda de donde teníamos que pasar. El camino está lleno de subidas tan extremas que el Renault que llevamos casi no las puede aguantar, pero finalmente podemos llegar a un mirador a medio camino y comer el bocadillo con queso y media bolsa de patatas fritas. Al final el jamón no nos apetece y no lo abrimos.
Seguimos un tramo más con el coche y, como que nos han dicho en el aeropuerto que es mejor que nadie vea que llevamos un coche de alquiler, nos cambiamos de ropa en una curva medio escondidos. Todas las capas que llevamos encima nos abrigan y ya estamos preparados para subir hacia el Teide.
El coche queda aparcado en el parking del teleférico y esperamos que nadie nos rompa ningún cristal para robar durante la noche. Rápidamente subimos a la cabina y empieza a ascender rápidamente remontando la montaña más alta de España.
En un momento estamos arriba y  hace mucho viento. Impresionados por las vistas empezamos a bajar por el “Sendero 7” que nos tiene que llevar hasta el Refugio Altavista. 
El camino está muy bien marcado, sabemos perfectamente por dónde tenemos que ir, pero cada vez es más difícil. Las rocas y las piedras que pisamos resbalan en algunos puntos y fácilmente nos pueden torcer un tobillo.
El refugio se ve si miras abajo, pero todavía está lejos. Al cabo de aproximadamente una hora de bajada ya estamos en el refugio y podemos descansar.
Mientras esperamos que nos den las sábanas de papel, el Sol se pone por detrás del Teide, a nuestra espalda. La sombra del Teide se proyecta sobre el mar de nubes que tenemos delante y, al jefe de un rato todo es oscuro.
A las 19:45h nos retiramos hacia la habitación después cenar unos fideos cocinados con agua ardiendo de una tetera.
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